LA IMPOSIBLE TAREA DE MATAR LA INTELIGENCIA Y EL ESPÍRITU... Los Mártires de la UCA


El hecho se dió en el contexto de la guerra civil que afectó gravemente a este país centroamericano (21.000 kmts.cuadrados, 7 millones de habitantes) durante los años ochenta, en el que se enfrentaron de una parte el estado salvadoreño, su fuerza armada y los “escuadrones de la muerte” (paramilitares) con la guerrilla FMLN (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional). Esta guerra tuvo características dramáticas: masacres indiscriminadas de campesinos, mujeres, niños ancianos, universitarios, líderes sindicales y sociales, activistas de derechos humanos, 1 arzobispo, muchos sacerdotes y religiosas. La Provincia Centroamericana de la Compañía de Jesús abarca Panamá,Costa Rica,Nicaragua,Honduras,El Salvador y Guatemala. La sede del gobierno provincial está en la ciudad de San Salvador. Los jesuitas centroamericanos (muchos de ellos españoles nacionalizados en los diversos países de la región) tuvieron un claro compromiso con los pobres y afectados por la situación de injusticia, manifestada principalmente en la muy inequitativa distribución de la tierra que beneficia ( así sigue el statu quo) a unas pocas familias. Esto generó y genera aún unas explosivas condiciones sociales, expresadas especialmente en el activismo político y en el recurso a la lucha armada como camino de transformación social.

En la madrugada del 16 de noviembre de 1989 un grupo de comandos de la fuerza armada salvadoreña ingresó abruptamente en el campus de esta universidad, confiada a la dirección de los jesuitas centroamericanos, bruscamente los sacaron de sus habitaciones mientras dormían y , sin rodeos, los asesinaron en el jardín de la sobria residencia jesuítica, ubicada en el mismo lugar posteriormente agredieron las instalaciones físicas, quemaron libros y archivos, equipos de cómputo y enseres domésticos, como queriendo con su saña criminal erradicar todo indicio de estas mentes espirituales e inteligentes. La fuerza bruta no soporta el carácter superior de la vida recta y de las inteligencias destacadas

Las investigaciones judiciales nunca llegaron a fallos definitivos y la mayoría de los responsables, veinte años después, permanecen impunes. El hecho se dió en el contexto de la guerra civil que afectó gravemente a este país centroamericano (21.000 kmts.cuadrados, 7 millones de habitantes) durante los años ochenta, en el que se enfrentaron de una parte el estado salvadoreño, su fuerza armada y los “escuadrones de la muerte” (paramilitares) con la guerrilla FMLN (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional). Esta guerra tuvo características dramáticas: masacres indiscriminadas de campesinos, mujeres, niños ancianos, universitarios, líderes sindicales y sociales, activistas de derechos humanos, 1 arzobispo, muchos sacerdotes y religiosas. La Provincia Centroamericana de la Compañía de Jesús abarca Panamá,Costa Rica,Nicaragua,Honduras,El Salvador y Guatemala. La sede del gobierno provincial está en la ciudad de San Salvador. Los jesuitas centroamericanos (muchos de ellos españoles nacionalizados en los diversos países de la región) tuvieron un claro compromiso con los pobres y afectados por la situación de injusticia, manifestada principalmente en la muy inequitativa distribución de la tierra que beneficia ( así sigue el statu quo) a unas pocas familias. Esto generó y genera aún unas explosivas condiciones sociales, expresadas especialmente en el activismo político y en el recurso a la lucha armada como camino de transformación social. Cabe decir que el FMLN nunca abdicó – como en el caso de la guerrilla colombiana – de sus ideales políticos y no se comprometió con el tráfico de drogas. Grupo violento sí, pero con una causa clara. Ahora es partido político reconocido y desde el 1 de junio de 2009 gobierna el país en la persona del presidente Mauricio Funes. Quienes hemos transitado siempre por los senderos de la paz y consideramos que esta es el clima propio para diálogos y reconciliaciones, para soluciones incluyentes y constructivas, tenemos gran dificultad para comprender el recurso armado. Los múltiples conflictos que afectan al mundo ponen de presente grandes contradicciones e intransigencias,y, en la mayoría de casos, puntos de no retorno para las inevitables confrontaciones. Lamentables hechos que impiden a la humanidad ejercer serenamente sus ideales y aspiraciones. La Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”, conocida como la UCA, se fundó en 1965 por parte de un grupo de empresarios y dirigentes católicos salvadoreños, y confiaron el gobierno de la misma a la Compañía de Jesús, para ofrecer a la ciudadanía una alternativa de educación superior inspirada en los principios católicos y para contraarrestar lo que en su momento se consideraba como excesiva politización de la universidad pública de este pequeño país. Los jesuitas en su gran mayoría siguieron las inspiraciones sociales y evangélicas de la tendencia conocida como teología de la liberación, que se orienta a trabajar por la liberación integral de los más pobres desde las claves del evangelio y de la acción salvífico liberadora de Jesucristo. En la crítica y muy conflictiva situación salvadoreña y centroamericana en general, los jesuitas se pronunciaron decididamente a favor de los más pobres e hicieron de sus publicaciones (ECA, Estudios Centroamericanos en El Salvador; Diakonía en Nicaragua; Carta a las Iglesias en Nicaragua) medios de análisis de la realidad y de denuncia de la injusticia estructural y de la represión. Así mismo, las instituciones, como la UCA, también asumieron un papel protagónico, para seguir un compromiso cristiano formando profesionales para una nueva sociedad, investigando nuevo conocimiento para aportar a la generación de un modelo económico incluyente y para favorecer la representación digna de las mayorías desfavorecidas, con un énfasis especial en la reivindicación de los derechos humanos de estos grupos de población. Así las cosas, el conflicto se agudizó hasta tomar características de tragedia humanitaria. En este contexto, se destacó el trabajo de IGNACIO ELLACURIA,S.J. (1930-1989), Doctor en Filosofía, destacado académico cuya obra principal es “Filosofía de la realidad histórica”, discípulo del filósofo español Xavier Zubiri, del humanista ecuatoriano Aurelio Espinosa Pólit,S.J. y del teólogo alemán Karl Rahner,S.J., el Padre Ellacuría fue la voz más destacada desde el mundo académico que se pronunció con las categorías propias del conocimiento para denunciar con claridad extrema y contundente la injusticia reinante y para proponer nuevas formas de organización social y económica. Era el rector de la UCA en el momento del crimen. De igual manera IGNACIO MARTÍN-BARO,S.J. (1942-1989) que ocupaba la Vicerrectoría Académica de la UCA, formado como Ph.D. en Psicología Social de la Universidad de Chicago, quien hizo relevantes análisis desde este disciplina para comprender la difícil situación de inequidad y de violencia en Centroamérica. Su obra clásica “Psicología social desde Centroamérica” expresa con la claridad propia del investigador estas crudas realidades. Cursó su formación filosófica en la Pontificia Universidad Javeriana (Facultades Eclesiásticas) entre 1962 y 1965, obteniendo aquí su título de Licenciado en Filosofía y Letras. Durante varios años fue profesor invitado de nuestra Facultad de Psicología y un serio asesor del área de psicología social y comunitaria de la misma. SEGUNDO MONTES,S.J. (1933-1989), era el superior de la comunidad jesuítica de la UCA cuando ocurrieron los trágicos acontecimientos y también director de su Instituto de Derechos Humanos, era Doctor en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Se destaca por sus proyectos de investigación para conocer mejor la dramática circunstancia de los refugiados de la guerra civil, y jefe de redacción de “Estudios Centroamericanos”, dedicado con admirable sentido apostólico al servicio de comunidades y parroquias populares, ministerio que ejerció sin falta cada fin de semana después de sus responsabilidades académicas y administrativas. JUAN RAMON MORENO S.J. (1933-1989), fue maestro de novicios de los jesuitas centroamericanos, profesor y formador de los seminaristas diocesanos en El Salvador (Seminario de San José de la Montaña), se formó en espiritualidad en la Universidad Gregoriana de Roma, tuvo diversas misiones apostólicas en Nicaragua, especialmente conocido por su conocimiento de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, de los que fue notable acompañante para muchos sacerdotes, laicos y religiosas, conocido afectuosamente como “Pardito”, siguiendo su apellido materno, hombre de paz y de exquisita vida interior. En el momento del crimen era profesor del Centro de Reflexión Teológica de la UCA (CRT) y Director de la Biblioteca de esta dependencia universitaria AMANDO LOPEZ QUINTANA,S.J. (1936-1989), cursó su formación en teología en la Facultad de Miltown de Dublín (Irlanda), en la Pontificia Gregoriana de Roma y en la Facultad teológica de Estrasburgo (Francia) donde logró su título en Ciencias Religiosas. Prestó sus servicios apostólicos en el Colegio Centroamérica de Granada (Nicaragua), como Rector del Seminario Nacional de San José de la Montaña (San Salvador), profesor de filosofía y teología en la UCA, Rector de la UCA de Managua, espiritual de los estudiantes jesuitas de teología en San Salvador, se le consideró siempre un formador nato para la vida sacerdotal y religiosa. Al ocurrir su asesinato, era profesor del Centro de Reflexión Teológica. Estos cinco nacieron en España: Portugalete (Vizcaya, País Vasco), Valladolid,Villatuerta,Cubo de Bureba, fueron las ciudades y poblaciones que les vieron nacer. Muy jóvenes ingresaron en la Compañía de Jesús y fueron destinados a la Provincia de Centroamérica, que en esos años alimentaba la mayoría de sus vocaciones con jóvenes provenientes de las provincias jesuíticas españolas. Su pasión por el reino de Dios y su justicia, su rectitud en el seguimiento de Jesucristo, su fidelidad jesuítica y su encarnación en las dolorosas circunstancias centroamericanas los llevaron a obtener la nacionalidad, expresando así su determinación de donar su vida en tierras americanas, como de hecho sucedió. JOAQUIN LOPEZ Y LOPEZ ,S.J. (1918-1989), era el único salvadoreño nacional de los seis jesuitas mártires. Trabajó en varias obras educativas de la Provincia de Centroamérica, proveniente de acomodada familia salvadoreña, también tuvo un papel decisivo en la fundación y desarrollo de la UCA en los años iniciales, y muy especialmente se dedicó a la educación popular en Fe y Alegría, de la que era director nacional en El Salvador cuando llegó la hora del martirio. Un religioso raizal, jesuíta ejemplar, de profunda sensibilidad social. Dormían en su residencia jesuítica cuando llegaron al campus de la UCA los siniestros emisarios de la muerte, mientras tanto la ciudad era escenario de combates entre el FMLN y la fuerza armada, su leve descanso fue interrumpido con saña y sevicia para pasar martirialmente al encuentro definitivo con su Señor, al que amaron con pasión y en quien descubrieron como proyecto de vida la com-pasión por los últimos del mundo. En esta causa trascendieron y desde ella se convirtieron en iconos de todos los que en el mundo rechazan las afrentas a la dignidad humana y se hacen parte solidaria de los humillados y ofendidos. Ellos lo hicieron en la clave de Jesús de Nazareth, siguiendo el modo de comprensión y vivencia cristianas de San Ignacio de Loyola, en estos tiempos especialmente revitalizados por la guía espiritual del Padre Pedro Arrupe,S.J. (1907-1991), quien fuera Superior General de la Compañía de Jesús de 1965 a 1983, y bajo cuyo liderazgo se realizó la Congregación General XXXII de la orden, que definió nuestra misión apostólica como “servicio de la fe y promoción de la justicia”. Junto con ellos, su empleada doméstica ELBA JULIA RAMOS (1947-1989) y su hija adolescente CELINA MARISET RAMOS (1973-1989), también fueron arrasadas por los criminales, significando en la donación de sus vidas a todo el pueblo de El Salvador agredido y desconocido, y a los millones de seres humanos que en El Salvador, en Colombia, en el mundo entero son desposeídos de sus tierras, desplazados de su habitat, vilipendiados por poderes que, sin Dios ni ley, o usando malignamente de la misma, empañan la dignidad de los hijos de Dios y se empeñan en sembrar la violencia. Dos sencillas mujeres, generosas, buenas, con ideales de dignidad, acompañaron a los padres jesuitas en esa madrugada novembrina de 1989 para dar el testimonio supremo de la vida: “Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos” (Juan 15: 13), aquí se cumplió a cabalidad el genuino cristianismo, la vitalidad liberadora de Dios plasmada en la cruz de Jesucristo y en la de estos discípulos suyos del siglo XX. Mártir viene del griego , mártir, que significa testigo, el que avala con su vida aquello de lo que da testimonio. En la tradición cristiana, también en otras tradiciones espirituales y sapienciales, el martirio tiene la significación de la mayor disposición del amor, la de dar la vida para que la vida de otros, la de los vilipendiados, sea reivindicada aquí en la historia y en la trascendencia definitiva. Ignacio Ellacuría y los mártires de la UCA : su vida es un relato denso teologal y humanamente, hombres de academia y de espíritu, proféticos y sinceramente religiosos, de palabra fogosa y exigente, de intimidad espiritual, de cercanía solidaria con los excluídos, de vigorosa protesta contra el poderoso que hace gala de injusticia, su narrativa existencial nos remite a las honduras de lo divino y de lo humano, porque no se puede discurrir por la vida inútilmente, puesto que – siguiendo a San Juan de la Cruz – “en la tarde de la vida nos examinarán en el amor”. En ese caldeado horizonte centroamericano, una figura santa y pastoral fue instrumento de Dios para acendrar su entrega: Monseñor OSCAR ARNULFO ROMERO y GALDAMEZ (1917-1980), Arzobispo de San Salvador en los años más duros del conflicto, voz de los desposeídos, que como ellos recibió la palma del martirio en la vespertina del 24 de marzo de 1980, cuando celebraba con amigos y allegados su eucaristía cotidiana. Todos ellos reconocieron invariablemente que con “Monseñor Romero Dios pasó por El Salvador”, según frase que ya es patrimonio de la historia del hermano país. Su arrojo y valentía, nacidos de la gracia de Dios y de una generosa decisión de sus años otoñales, fueron para nuestros mártires y para miles de salvadoreños la palabra de aliento en el fragor de la muerte, antesala de la vida nueva.

En Colombia, largos años, décadas, implicados en una violencia que parece cosa de nunca terminar, revistiendo diversos nombres y contextos, desde los tiempos coloniales y guerras de independencia, pasando por las confrontaciones civiles de los primeros tiempos de la república, y el enfrentamiento de partidos políticos hasta estas inaceptables versiones de guerrilla, narcotráfico y paramilitarismo, respaldadas en no pocos casos por ciudadanos constituídos en poder y en influencia, muchos colombianos han sido también víctimas de esta fuerza destructora. Nombres como El Salado, Mapiripán, Mejor Esquina, El Tomate, Trujillo, y tantos, están escritos en la memoria nacional como el desafío que la trascendencia de Dios y de la dignidad humana hacen a nuestra conciencia,”para que las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”, como lo expresara con el fuego de su verbo caribeño nuestro Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, el 10 de diciembre de 1982, en la Academia Sueca en Estocolmo, en la ceremonia de entrega del galardón literario. En ese año de 1989, el 1 de junio, caía también, víctima de balas desalmadas, el jesuíta colombiano SERGIO RESTREPO JARAMILLO (1939-1989), en Tierralta (Córdoba), a donde fue enviado en misión por su Superior Provincial en 1980, para asumir con otros compañeros la responsabilidad de esa comunidad parroquial. Venido de Medellín, hombre de humor irónico y sutil, artista, apasionado por la naturaleza, dentro de ella las orquídeas que estudió y cultivó con esmero, amigo de parroquianos, campesinos y gentes del común, con mano creadora que se recogió primorosamente en la casa de la cultura de esta población, en el trabajo cuidadoso del parque, en el rescate de la cultura zenú, y en el infatigable ejercicio del ministerio de sacerdote, que se hizo eterno cuando los paramilitares segaron su vida de la tierra y Dios hizo que su sangre pasara a la inmortalidad. La memoria de estos hombres y de las dos humildes salvadoreñas son así presencia, memoria y testimonio, y con ellos todos los condenados de la tierra, para construír una historia de emancipación y de dignidad. Y, en el horizonte, la eternidad de Dios y la memoria de la humanidad. Nota: imagen tomada de: http://www.uca.edu.sv/especialmartires.php

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